En los años de universidad el tiempo para leer se reducía a veces a los libros de los cursos, sobre todo cuando se materializaban más de mil páginas en una sola semana. Sin embargo personas como Antonio, Ríos y Gastón, lograban traspasar esa muralla, y se ponían a leer cada vez que se les daba la oportunidad. Varias veces a Gastón estuvieron a punto de atropellarlo, Antonio se perdía clase tras clase y Ríos se pasaba de su casa en la micro. Yo al comienzo trataba de leer todo lo que era mi deber y en aquellos reducidos tiempos de ocio, leer cualquier novela, que pasó a ser cualquier cuento, cualquier libro de poesía, hasta llegar a buscar poemas sueltos. Sólo cuando comprendí que había que dejar ciertas cosas, que no se podía leer todo en la vida, dejé de leer ciertos textos de algunos cursos en particular, lo cual terminó por una decidía casi total por cualquier lectura universitaria. Sólo cuando había algo interesante, me hundía en él. El segundo paso, el de aquellos sin vergüenza, era el de escribir. Yo fui de los últimos en unirme, primero fue Antonio, después se unieron los demás. Creo que fui de los últimos en presentar un texto, o quizás fue Gastón. No, me parece que fui yo. Gastón tenía la facilidad de meterme en todos sus asuntos aun cuando me negaba por dentro, al final, el convencía de participar en todos sus proyectos “artísticos”, los cuales iban desde cortos hechos con una cámara casera, hasta especies de folletos con pretensiones de libros. Él me decía “escribe una cuestión que hable mal de algún escritor. ¿Sabes a quién odio...? ¡A Blanco! Me carga Guillermo Blanco”, yo iba y lo escribía sin jamás haberlo leído, sólo siguiendo sus instrucciones. Citaba a personas imaginarias que habían hablado mal de él y decía que su narrativa era pésima. Muy mal me sentí por todo esto cuando leí un libro de Blanco, me sentí un idiota y pensé que no debía seguir más a Gastón en nada. Pero al otro día me decía que nada de lo que había escrito iba en ninguna parte y que no me preocupara, como defendiéndome por que la asquerosidad que había escrito, por lo mal que habría quedado ante el mundo entero por mi entera ignorancia. Nunca más volví a escribir una reseña de un escritor que no conociera, pero seguí ayudando en todo a Gastón. Me decía después “escribe un soneto, necesito un soneto”, “pero si ya escribiste dos tú” le decía, “necesito otro” me contestaba y lograba convencerme de escribirlo tras un montón de razones que no sabía como discutir. Tras una tarde entera de planear el soneto, ya que jamás supe nada de métrica, se lo entregaba. Entonces lo guardaba y jamás volvía a saber de mi poema. Si llegaba a preguntarle que había pasado con mis escritos, me contestaba que nada, que lo tenía guardado y en seguida me pedía que le ayudara actuando de ciego en un corto que tenía pensado. Nunca sé si me considero un verdadero amigo, yo a veces sí, otras veces me parecía que sólo una relación de trabajo, en que yo era el obrero y él era el jefe, quien me decía que hacer y como hacerlo. Ahora me doy cuenta, en ese tiempo sólo lo seguí como un igual, pero muy equivocado estaba. No es que el me viera como alguien a quien mandarle el trabajo sucio, quizás un par de veces fue así, pero no siempre. Sólo era una especie de líder, como lo puede ser un editor, que decide que va y que no va. Al poco tiempo dejé de escribir, así como fui el último también fui el primero. En esos tiempos, cuando algunos quemaban sus escritos, otros lo rompían en frente de un público y otros sencillamente perdían la página donde habían escrito su último poema a lápiz grafito, yo dejé de escribir. Lo mío era leer, así lo siento, a pesar que Ana me mira desde el cuarto esas noches que me siento en frente del computador, y espera que empiece a sonar el teclado. Jamás suena. Sólo pongo un libro entre la hoja en blanco virtual y yo y comienzo a leer o sólo a hojear algún libro. Ella cree que escribo a veces, y a veces lo hago, pero son escenas sueltas, como en espera de ese tiempo perdido, como si leer fuera un estorbo, cuando es al revés. Siempre es al revés.
2 comentarios:
Leer, me encanta leer lo que amo leer, tú conoces mi lectura compulsiva cuando algo me engancha brígido y nadie me detiene!!!
camino leyendo, como leyendo, duermo leyendo, y no paro hasta que termino mi objeto de obsesion.
Pero cuando algo me latea puta me puedo demorar cinco años o simplemente no terminarlo de pura paja, algo me tiene que apasionar o interesar mucho para que me obsesione y de como consecuencia mi lectura compulsiva.
TE AMOOOOOOO
a veces pienso que los mejores libros son los que nos se buscan, los que llegan solos...la lectura impuesta cuesta esta esta que entre fácilmente, pero es contradictorio porque a veces no hay caso a la primera, pero a la segunda si...y así se entiende??
a veces es necesario tb leer sin expectativas....pero la lectura es difícil, no digo que leer cueste, lo que cuesta es apreciar realmente el contenido sobre todo si de ante mano se sabe que es un buen libro...
te ha pasado que todo el mundo te menciona un libro como excelente y luego lo lees y nada???
saludos.
un abrazo.
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