Me parece extraña la sensación de sentir que falta algo por decir, aquello por aclarar que justo en ese momento en que todo debía ser descubierto, se cierra el tema para no abrirse nunca más. En los cuentos de Edgar Allan Poe en los más acabados, no queda ningún cabo sin atar, en cuentos redondos como El corazón delator, Los crímenes en la calle Morgue o en La carta robada, es tan perfectaza su estructura, que me parece impenetrable, no hay duda o interpretación posible para los hechos en cuestión, sobre todo en los dos últimos, donde Poe se da el lujo de explicar cada detalle hasta el cansancio, dando un montón de vueltas que, no obstante, construyen el cuento en su justa medida, sin rellenar ni evitar elementos. Sin embargo, este aspecto tan depurado en Poe, cambia en ciertos relatos en donde se abre esta indefinición, sobre todo en las ultimas hojas de Las aventuras de Arthur Gordon Pym, su única novela, en donde un protagonista cansado y fatigado ya por el largo viaje entre naufragios, caníbales y penurias, nos relata como ante sus ojos aparece un gigante de hielo y un hombre con la piel tan blanca como la misma nieve. Justo cuando la sensación de estar viajando entre tinieblas está presente, la narración se corta sin decir nada más, ni siquiera con un prólogo tan corto como impreciso, el narrador aclara del todo lo que ha pasado. Explica que ha muerto Pym, pero también que se han perdido un par de capítulos y que la historia ha llegado hasta donde ha sido posible.
Quizás reutilizando el guiño de Manuscrito hallado en una botella, Edgar Allan Poe engaña con un falso final, en donde no deja nada resuelto, es un abismo que se abre y que queda en lo jamás sabido. Cómo uno podría especular sobre el destino de un desaparecido, pero no sólo sobre una perdida trágica, si no hasta una tan sencilla como la de un joven universitario que un día está y al otro no. No hay voz para acallar todas las preguntas, sólo especulaciones e interpretaciones, porque el silencio también debe tomarse como una señal, pero no me refiero al final de un cuento como Hop-frog, donde lo que pasó con el deforme bufón es irrelevante después de la calcinación del rey y sus viles compañeros, la alegórica simbólica de la venganza del sirviente en contra del poder tirano, sino que me refiero a lo no concluido, el aliento latente que queda tras un relato como El tonel del amontillado, en donde el tintinear de los cascabeles nos anuncia el trágico final, pero que jamás nos da las pistas completas para entender del todo lo que el personaje vio, porqué sencillamente la antorcha no le deja ver nada. Siguiendo está línea, su más celebrado omisión es en El pozo y el péndulo, en donde se detiene sólo a describir aquello que ve en el pozo como un sentimiento que lo hace arder y no lo deja respirar de horror. El hecho que Poe no diga lo que vio, encolerizaba a R. L. Stevenson, que veía en eso “una impostura, un audaz e imprudente escamoteo.” En cierta forma tiene razón, pero su juego de manos no es el de quien quiere hacer trampa, sino el que al ocultar aquella información gana, aquella perfección que maneja con tal inteligencia en sus cuentos más completos como los ya citado al comienzo, no son abandonados, porque la no resolución de esas pistas, le dan ganancia al relato y vida.
Si fuera más lejos y tomara las palabras de George Snell cuando ve el cuento Manuscrito en una botella, como una parábola del paso del hombre por la vida, se podría hacer un paralelo completo en la vida del mismo Poe, desgraciado, que justo cuando iba en busca de aquel trabajo que le salvaría la vida, muere en mitad del camino en circunstancias que hasta el día de hoy se encuentran en las tinieblas, material de un centenar de especulaciones. Se ha dicho que lo asaltaron, que lo obligaron a votar de urna en urna en una ciudad en día de elecciones, y hasta que fue asesinaron. Nuevamente el inconcluso destino del silencio, el de quien no está para acallar las versiones y decir la verdad, porque talvez la verdad no existe, sólo hechos perdidos en relatos que sólo dejan entrever lo que es necesario para hacerlos tales, al igual, su extraña muerte es parte del mito, como lo es su obra tan oscura como lo fue su vida. Poe se debate entre la claridad y las tinieblas, en una estructura que no deja de ser maravillosa en sus descripciones precisas y su ambientación que influirá en varias y variadas generaciones hasta el día de hoy.
2 comentarios:
como la joan se ponía celosa de la guitarra de victor
yo me pongo celosa de el poder que tiene en ti la literatura...
y esque la dura
tu talento es innato, lo llevas en la sangre siento que vas a llegar lejos xq rayay y rayay con el tema..
ijjijiji y no es una postura falsa ni de plástico como la de algun@s sino que es realmente auténtica, eso se percibe...
te admiro caleta y estoi muy feliz de tener un hombre tan maravilloso a mi lado como tu
te amo demasiado y eres el amor de mi vida, no te cambiaria por nadie
somos uno para
siempre!
tengo sueño
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