martes, octubre 03, 2006

LOCOVICH


El gato era muy pequeño y muy tímido, casi no hablaba. Hace una semana que se encontraba desaparecido, todos decían que estaba muerto, pero no, andaba de parranda. Había salido con el perro del vecino y el gallo de Gabrielita. Esta vez se había vuelto loco, maullaba todas las noches, no dejaba dormir a nadie en el barrio, copuchaba con todos los niños, bailaba con su sombra en sus ratos libres y, cuando se aburría de todo esto, jugueteaba por la pradera. Los que no lo odiaban, lo adoraban. Era la atracción del barrio.
Víctor, que era el dueño, al poco tiempo se aburrió de este gato tan revoltoso, decía que nunca estaba en casa y que cuando estaba, lo único que hacía era desordenársela. Extrañaba como era antes, mancito y cariñoso. Lamentablemente, tendría que acostumbrarse a como era ahora, no tenía otra solución. Quizás lo hubiera logrado si no fuera porque, en una de sus tantas voladas, al gato se le ocurrió ponerse botas. Decía que al igual que su ídolo (el gato con botas obviamente), él también tenía que usarlas. Lamentablemente, para el gato, esto a Víctor no le gusto nada. Quería matarlo.
—¿Cómo va a usar botas? —decía— ¡Está loco!... ¡Tiene que estarlo!
Pero al gato no le importaba, era feliz con sus botas, todas las gatas se derretían por él desde que las usaba. No estaba dispuesto a sacárselas por nada de este mundo. Entonces Víctor hizo algo que nunca creería que haría en su vida usando estas palabras: “Ándate de aquí y no vuelvas más, no quiero volverte a ver.”
Lo había echado de la casa, sólo por unas botas, pero lo había echado. Así terminaba la amistad de años, en una semana todo se dio vuelta, ahora en vez de quererlo, como siempre lo había hecho, lo odiaba. Si hubiera dependido de él, lo hubiera matado, pero casi todo el pueblo amaba a ese gato y sabía que si lo echaba de la casa, lo recibirían felices en otros lugares. Así fue, al poco tiempo estaba viviendo en la casa de Violeta, mientras Víctor era criticado todo el día por los que adoraban al gato.
Era penosa la situación en que se encontraba Víctor, ya casi no comía, nadie supo nunca si era porque extrañaba al gato o por que el pueblo lo odiaba. Pero el caso es que su estado anímico dejaba mucho que desear, demasiado. El gato, ahora llamado Locovich, seguía haciendo de las suyas. En el día hacía asados con sus amigos animales, lo cual, hizo que le llegaran bastantes represalias de parte de las gallinas y los cerdos, ya que dentro del menú, siempre habían salchichas y pechugas de pollo. En las noches preparaba fiestas o hacía fogatas en la playa junto a una guitarra, con la cual cantaban hasta que el sol salía.
Poco a Poco esta fiesta infinita fue aburriendo, ya no tenían esa energía del comienzo. Lo que fue sorpresa, ahora era rutina. Locovich trató de renovar sus fiestas, pero ni siquiera “Las Vacas con Bikinis” y “Los Pollos Suicidas” lograron atraer a la gente. Locovich en sólo una semana volvió a ser el “ex gato de Víctor”. Con la cola entre las piernas volvió a pedir clemencia a Víctor. Compadecido por su vieja amistad, lo acogió con los brazos abiertos. El gato de Víctor volvió a ser callado y tímido, sin embargo, en algunas oportunidades, cuando la luna se encuentra llena, con las botas puestas y una lagrima que se le asoma por un ojo, el gato observa las estrellas y recuerda sus viejas aventuras.

Dedicado a todos los Gatos libres que transitan por las calles de Santiago. 1999.

1 comentario:

Cristina Lafoy dijo...

es la raja este cuento, es uno de los que mas me gusta....
nose porque siento que si fueras un animal serías este mismisimo gato locovich que de tímido pasó a ser todo un carretero... aunque igual ahora no eres tan tímido ni usas botas sigues tocando la guitarra i cantando.
yo también me siento un poco como locovich, uno irremediablemente pasa por esas épocas locas de parranda extrema, pero después de un tiempo se desvanece y uno vuelve a ser la misma de antes.... como ke uno pasa de moda, los carretes ya no son como antes, i uno no tiene el mismo animo para ir,
i asi como locovich yo tb recuerdo mis aventuras alcoholicas de esa época "dudosa" de mi vida, alguna ke otra lágrima se me asoma, más que por la gente que se dejó en las fiestas, por la atmosfera que se extraña, por los años venideros, que nunca mas volverán a ser los mismos....

pd: te faltó que la salvación del gatito llegó cuando encontró a su gatita i vivieron felices para siempre en la eterna juerga i pasión del amor mas puro i entregado.